Julio de la Rosa



Cuando me ofrecieron escribir un texto sobreJulio de la Rosa no lo dudé. Quizás no sea la persona (ni periodista) que más sabe sobre él y su carrera – estoy casi segura de que no lo soy – pero desde luego poca gente ha dedicado tanto tiempo (sigo dedicándoselo) a ‘Pequeños trastornos sin importancia’, su último álbum.
Sí, ya sé que hay mucho más de lo que hablar de Julio, artista multidisciplinar de arrollador carácter, pero éste es uno de esos discos – no me ocurre con muchos – que desde el primer minuto hasta el último consigue captar mi atención absolutamente. Porque no, ‘Pequeños trastornos sin importancia’ no es un álbum para escuchar “de fondo” mientras haces cualquier otra cosa. O al menos, yo no soy capaz.
Puede que la verdadera razón es que vea en mí algunos de los trastornos de los que Julio habla. Probablemente. ¿Quién no?. Lo delicioso es que en ‘Pequeños trastornos sin importancia’ hay para todos. No falta nadie por describir y seguramente se pueda saber mucho de cada persona según qué coros decida cantar en cada canción. En el fondo este disco es una trampa que nos ayuda a conocer a las personas que están a nuestro alrededor.
No es algo nuevo que exista esa identificación plena entre el público y las canciones de Julio de la Rosa. Ahí reside lo grandioso de su música: directa pero no fácil, sencilla pero no simple, verdadera pero no evidente. Sus textos convencen y te hacen participe de las emociones que se ven amplificadas por la música.
Pero la total complicidad llega cuando tienes la oportunidad de saborear todo eso en directo. No importa que sea un concierto con invitados y toda la banda en la sala El Sol o un formato más reducido con Nieves Lázaro y Jaime Olmedo en el Mercado de San Antón. La sensación que produce la música de Julio de la Rosa es exactamente la misma y eso solamente es posible cuando hablamos de canciones en mayúsculas.
Y esas canciones en mayúsculas están en ‘Pequeños trastornos sin importancia’ y probablemente reaparecerán en mi cabeza cuando dentro de un tiempo recuerde este año. Y os prometo que este año he escuchado muchas otras canciones.
No puedo terminar sin mencionar otra de las razones (o la verdadera razón) por las que este último disco de Julio de la Rosa me ha enganchado y llevado a querer escribir este texto; y esa última razón es el propio Julio de la Rosa. Con ‘Pequeños trastornos sin importancia’ he tenido la oportunidad de entrevistar por primera vez al artista y constatar la inexistente distancia entre el músico y la persona. Me aventuro a afirmar que Julio también es directo pero no fácil, sencillo pero no simple, verdadero pero no evidente.

Escrito por: Wilma Lorenzo

@wilma_lorenzo

Ernie Producciones

Julio de la Rosa
Realización, Fotografía y Edición: Juan Aragonés Op. Cámara: One Dragones y Adrián Aragonés. Sonido: Rockanrola Records. Fotofija: One Dragones.
Una producción de María Del Río para DESUBICADOS.TV.
Localización: Casa Postal. Madrid,Febrero 2013.
Esta entrada fue publicada en Artista. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*